jueves, 1 de julio de 2021

MARCOS MUIÑO SACERDOTE JESUITA NO BASTA CON EL ASFALTO


El Sacerdote Jesuita Marcos Muiño, vive en la localidad de Santa María partido de San Miguel,  está al frente de la Parroquia Patriarca San José
(donde también fue párroco, el ahora Papa Francisco) y dirige el colegio homónimo. “La vida de estos barrios siempre estuvo muy ligada a los jesuitas”. El Padre Marcos organiza una comunidad muy activa que en estos tiempos de pandemia llegó a donde nadie lo hizo.

Muiño publico una nota de opinión en el medio Ciudad SM (http://ciudadsm.com
/) en la que interpela al estado municipal es sus políticas sociales y marca su preocupación por la violencia y el consumo de drogas ilegales en San Miguel.

A continuación reproducimos el texto de la nota.
Dos de los grandes flagelos que tenemos en nuestros barrios son la violencia y el mundo de la droga. Flagelos que están destruyendo las familias, las comunidades y van rompiendo el tejido social poco a poco, generando exclusión, pobreza y marginalidad. Siendo problemáticas que nos preocupan, no podemos hacer oídos sordos cuando se trata de situaciones que esencialmente rompen y dañan, especialmente a las nuevas generaciones. Sin embargo, no es tan obvio que estén en la agenda pública de aquellos a quienes les toca la tarea de buscar el desarrollo integral de un barrio y una comunidad. Decir que sólo la obra pública y la seguridad son prioridad es quedarnos muy cortos. No estamos yendo a lo esencial que da sustento al desarrollo a largo plazo. Obviamente, produce alegría cuando llega luminaria o un asfalto a un lugar donde hace muchos años se espera, pero eso no basta. Salimos a la vereda a ver qué lindo quedó la nueva obra, pero cuando nos metemos nuevamente en casa volvemos al mundo de la violencia, de las adicciones y de la fragmentación. El problema de la violencia y el consumo problemático no se aborda con cemento. Si el Estado, un municipio, sólo se quedan en eso, serán muy pobres y, muchas veces, la indiferencia ante estas problemáticas será maquillada con actividades o programas que funcionarán a manera de pantalla y no irán al fondo de la cuestión. Carecemos de políticas de acompañamiento concreto a estas situaciones que están destruyendo nuestros barrios. Tampoco se apoyan iniciativas de aquellas organizaciones que ya vienen trabajando en el tema. Si no se toman en serio estas “otras pandemias” como dijeron los obispos latinoamericanos en Aparecida, Brasil (2007), la dinámica de la exclusión será cada vez más grande. Tendremos lindas calles y nuevas luces, pero las personas y sus comunidades organizadas de referencia, que son lo más importante, se irán
destruyendo poco a poco. Ahí, lo demás no tendrá sentido.


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